La familia de Roland decidió trasladarlo a una casa de unos parientes ubicada en Saint Louis, Missouri. Allí fue visitado por dos personas: el sacerdote y profesor de Teología Raymond Bishop y el sacerdote William S. Bowdern, un hombre catalogado de santo por las personas que lo conocían.

Según las instrucciones del Arzobispado de Washington, sería el padre Bowdern el encargado de hacer el exorcismo, el que debería ser realizado en secreto aunque anotando en un diario todos los detalles.

El 10 de marzo de 1949 Bishop y Bowdern hablaron con Roland y rezaron el rosario con él. El adolescente parecía tranquilo, pero en cuanto le dejaron solo en su habitación volvió a gritar pidiendo ayuda.

Tenía dos arañazos en forma de cruz en sus antebrazos, un gran librero de 25 kilos se había movido solo colocándose ante la puerta de su dormitorio y su cama comenzó a sacudirse frenéticamente.

La noche del 16 de marzo el padre Bowdern comenzó el exorcismo. Tras rociar con agua bendita la cama, que no dejaba de moverse, comenzó a leer las oraciones del ritual. Cuando dijo:

Yo te ordeno, espíritu impuro, seas quien seas, junto con todos tus asociados que han tomado posesión de este siervo de Dios, que, por los misterios de la Encarnación, Pasión, Resurrección y Ascensión de nuestro Señor me digas mediante alguna señal tu nombre, el día y la hora de tu partida…”, arañazos cruzaron la garganta, los muslos, el estómago, la espalda y el rostro de Roland.

En su pecho apareció la palabra “hell” (infierno) y en su zona púbica se dibujó la letra X y la palabra “go” (ir). Durante la siguiente sesión el sacerdote le preguntó al demonio su nombre, y al instante se dibujó con arañazos sobre el pecho de Roland la palabra “spite” (rencor o malevolencia).

A medida que el exorcismo avanzaba, el estado de Roland crecía en violencia y espanto. Hablaba y gritaba con una voz ronca, reía con una carcajada diabólica, insultaba a los sacerdotes y maldecía al oír las plegarias o el nombre de Jesús. Y en los pocos momentos de calma proyectaba un aura siniestra que los exorcistas llaman “el roce de satanás”.

El día 18 de abril, luego que el joven fuera ingresado en el hospital de los Hermanos de los Pobres de Saint Louis, se libró la última batalla contra el maligno. Los religiosos pusieron en la habitación una estatua del arcángel San Miguel venciendo al dragón antes de que el padre Bowdern pronunciara las últimas letanías del exorcismo.

A los pocos minutos, de la propia boca de Roland, salió una voz nueva, límpida y profunda: “Satanás, Satanás, soy San Miguel y te ordeno a ti y a los otros espíritus malignos que abandonéis el cuerpo en nombre de Dominus, inmediatamente, ¡ahora, ahora, ahora!”.

Entonces, durante varios minutos, Roland se debatió violentamente entre espantosas contorsiones. Luego, tras detenerse abruptamente, éste dijo con toda calma a todos los presentes: “Se ha ido”.

A la mañana siguiente comulgó en la capilla del hospital y por la tarde durmió una larga siesta. Y cuando despertó parecía no recordar nada de su penosa experiencia. “¿Dónde estoy? ¿Qué ha ocurrido?”, les preguntó a los sacerdotes.

Cuando Roland se marchó del hospital, su habitación fue clausurada con llave. En un cajón con llave del velador permaneció el diario escrito por el padre Bishop, el cual sólo fue dado a conocer en 1978 (nueve sacerdotes y 39 testigos firmaron un documento en el que afirmaron que el caso de Roland Doe fue un caso de posesión demoníaca auténtica).

Con respecto a Roland Doe, se asegura que después de la pesadilla por la que pasó tuvo una vida absolutamente normal. Se casó, fue padre de dos hijos, ejerció un empleo gubernamental y se radicó en los alrededores de Maryland. Y siempre se negó de plano a relatar o lucrar con su increíble historia.

En agosto de 1949, William Peter Blatty, un joven estudiante de literatura de la Universidad jesuita de Georgetown, leyó en el diario The Washington Post la siguiente noticia:

“Un sacerdote libra a un joven de las garras del demonio”.

20 años después, tras investigar meticulosamente los hechos y cambiar a petición del padre Bowdern la verdadera identidad del protagonista por la de una niña, escribió una novela que tituló “El Exorcista” y que vendió 13 millones de copias.

Dos años después, el libro sirvió de base para el guión de la película más aterradora de toda la historia, la primera en su género en ser nominada al premio Oscar y que también traería su propia carga de maldiciones.

Fuente: guioteca.com